Quesería Aguas de Fontanales puso fin esta semana a su actividad, cerrando una etapa de casi siete décadas de dedicación de Olga Lantigua Arencibia a la elaboración tradicional de queso en el municipio grancanario de Moya. Una trayectoria ligada al oficio y una forma de elaboración artesanal estrechamente vinculada al territorio y a la tradición quesera de la isla.
Con motivo del cese de la actividad, el consejero de Agricultura, Ganadería, Pesca y Soberanía Alimentaria del Gobierno de Canarias, Narvay Quintero, y el alcalde de Moya, Raúl Afonso, visitaron las instalaciones de esta pequeña quesería para reconocer la trayectoria de Olga Lantigua y de su marido, José Luis Arencibia, así como su contribución durante décadas al sector ganadero y quesero insular.
Este reconocimiento coincide además con la medalla de oro obtenida recientemente por su queso semicurado de leche cruda de cabra en el Concurso Oficial de Quesos Agrocanarias 2026, certamen organizado por el Gobierno de Canarias, a través del Instituto Canario de Calidad Agroalimentaria (ICCA), para premiar las mejores las producciones queseras del Archipiélago.
El consejero, acompañado por el director del ICCA, Luis Arráez Guadalupe, y el maestro quesero y técnico de la Dirección General de Ganadería, Isidoro Jiménez, recordó que Olga Lantigua comenzó en este oficio con apenas nueve años y que durante casi setenta mantuvo, junto a José Luis Arencibia, una forma de trabajo transmitida de generación en generación, “cuidando su propio ganado, elaborando apenas unos pocos quesos al día y preservando conocimientos y prácticas tradicionales”.
Quintero destacó “que este galardón en Agrocanarias y otros muchos que atesoran reconoce y hace visible toda una vida de trabajo y esfuerzo, pero también la calidad de unas elaboraciones que nacen del territorio, del conocimiento del oficio y de una manera artesanal de trabajar que se ha mantenido pese al paso del tiempo”. “Olga y José Luis dejan un legado que va mucho más allá de sus quesos: su historia representa el compromiso de generaciones que han contribuido a construir la diversidad, la singularidad y la calidad de nuestro sector agroalimentario”, concluyó.
Por su parte, el alcalde de Moya, Raúl Afonso, señaló que “cada queso elaborado por Olga y su familia ha llevado consigo una parte de la historia de la Villa de Moya. Su trayectoria es ejemplo de constancia, amor por el oficio y compromiso con un sector que forma parte de nuestra identidad. Aunque ahora se cierre una etapa, su legado permanecerá como parte del patrimonio gastronómico y cultural de nuestro municipio”.
Olga recordó que durante toda su trayectoria apenas interrumpió la elaboración de estas producciones. “Mi quesera nunca se ha secado, tan solo los ocho días que estuve de luna de miel tras casarme”, relató. Una labor que, según explicó, tanto ella como su marido han entendido siempre no solo como un trabajo, sino como una forma de vida.
Por su parte, la nieta de los propietarios y gerente de la asociación Proquenor, Carla Vera, resaltó que los numerosos premios obtenidos durante los últimos años han servido para reconocer una trayectoria de décadas y explicó que, por este motivo, Olga y José Luis culminan esta etapa especialmente satisfechos. Asimismo aseguró que los certámenes promovidos por las administraciones públicas, junto al trabajo desarrollado por entidades como Proquenor, han contribuido a mejorar el conocimiento y la valoración de estas elaboraciones.
Una tradición transmitida de generación en generación
Cuando Olga Lantigua Arencibia y José Luis Arencibia Arencibia iniciaron su actividad dieron continuidad a una larga tradición quesera familiar. Olga comenzó a participar en la elaboración de queso siendo una niña y se dedicó a este oficio durante casi siete décadas, hasta su jubilación esta semana.
La producción de Quesería Aguas de Fontanales se caracterizaba por un proceso de elaboración artesanal, pausado y especialmente cuidado, con apenas unos pocos quesos elaborados cada día.
La cuajada se trabajaba lentamente antes de depositarla en queseras de madera que se remontan a sus comienzos. Posteriormente, las piezas se maduraban en una cueva situada en la propia vivienda familiar. Cada noche, Olga se encargaba de revisarlas y darles la vuelta para favorecer su correcta maduración.
La quesería elaboraba sus productos con leche procedente de su propio ganado, compuesto por casi una treintena de cabras de raza majorera.
La producción anual se situaba en torno a los 2.000 kilos de quesos artesanos. Sus elaboraciones se distinguían por un sabor intenso y una textura especialmente cremosa, resultado de un proceso artesanal lento y del cuidado minucioso tanto en el proceso de elaboración, dirigido por Olga, como en la alimentación del ganado, a cargo de José Luis.





