La Ruta del Agua reúne la historia y la memoria de Bajamar

La Ruta del Agua de Bajamar, impulsada por Turismo de La Laguna junto a la Asociación Sociocultural Cervantear, recupera la historia del núcleo costero y su relación con el agua a través de un recorrido en el que también participa la memoria vecinal.

Bajamar es conocida por sus piscinas naturales y por una costa que continúa atrayendo a residentes y visitantes. Sin embargo, detrás de esa imagen permanece la historia de un pueblo que ha cambiado profundamente con el paso del tiempo y cuyos recuerdos todavía sobreviven entre sus calles y entre quienes han mantenido una relación estrecha con el lugar.

Acercar ese pasado al presente es el propósito de la Ruta del Agua, de Turismo de La Laguna desarrollada junto a la Asociación Sociocultural Cervantear e integrada en la marca La Laguna Por Descubrir. El recorrido invita a conocer Bajamar a través de su relación con el agua y permite detenerse en episodios, espacios y personas que ayudan a comprender la evolución de este núcleo costero.

La actividad alcanza este año su tercera edición y se desarrolla mediante un itinerario urbano de aproximadamente dos horas. A lo largo del camino, los participantes descubren una localidad que fue mucho más que un lugar de baño y veraneo: desde sus orígenes y su pasado agrícola hasta los años en los que se convirtió en uno de los principales enclaves turísticos de Tenerife.

No se trata, sin embargo, de ofrecer una sucesión de fechas o nombres. La ruta utiliza el propio pueblo para acercarse a su historia. Las calles, las construcciones que permanecen y los lugares que han cambiado sirven como punto de partida para hablar de la forma en que Bajamar creció alrededor del agua, tanto dulce como salada.

Esta mirada permite también reconocer las huellas de etapas diferentes. El recorrido se acerca a la antigua vida agrícola, al desarrollo turístico de las décadas de 1960 y 1970 y a algunos acontecimientos que transformaron el núcleo. Son referencias suficientes para comprender el cambio experimentado por Bajamar, sin perder de vista cómo se vive y se reconoce hoy.

Uno de los principales valores de la iniciativa se encuentra en su capacidad para despertar recuerdos. Quienes visitan Bajamar por primera vez pueden descubrir una parte de su historia que difícilmente encontrarían durante un paseo convencional. Para la población local, la experiencia ofrece la posibilidad de volver sobre lugares conocidos y relacionarlos con historias familiares, veranos de infancia o espacios que ya no forman parte del paisaje actual.

Daniel Martí, presidente de la Asociación Sociocultural Cervantear, explica que este intercambio entre visitantes y vecinos ha formado parte de la propuesta desde sus comienzos. “Se trata de crear un espacio de memoria en el que tanto la gente de aquí como quienes visitan Bajamar puedan compartir los recuerdos del pasado del pueblo. Muchas personas conservan vivencias de su infancia o de los veranos que pasaban aquí, cuando Bajamar era un destino turístico de referencia. La ruta permite recuperar todo eso, mostrar que el pueblo es mucho más que su playa y sus piscinas e incorporar la memoria oral de los vecinos, que de otra forma podría terminar perdiéndose”.

La memoria oral ocupa así un lugar importante dentro de la experiencia. La investigación previa desarrollada por Cervantear permite construir el relato histórico, pero las aportaciones de quienes conocen Bajamar desde hace décadas lo completan con vivencias que no siempre quedan recogidas en los documentos. Una fotografía, el nombre de un establecimiento desaparecido o el recuerdo de una celebración pueden abrir conversaciones que amplían el contenido de cada recorrido.

Esa participación evita que la historia de Bajamar se presente como algo cerrado. Los propios asistentes pueden reconocerse en algunos relatos, aportar otros nuevos o descubrir que detrás de un lugar cotidiano existe una realidad que desconocían. La ruta se convierte de esta manera en un punto de encuentro entre el conocimiento documentado y la experiencia de quienes han formado parte de la vida del pueblo.

La iniciativa se dirige, por tanto, tanto a quienes llegan de fuera como a quienes viven en el municipio. Conocer un lugar no depende únicamente de la distancia recorrida. En ocasiones, también implica volver a mirar aquello que forma parte del entorno habitual y preguntarse qué había antes, por qué una calle recibe determinado nombre o qué historias permanecen detrás de un edificio.

La Ruta del Agua propone ese cambio de mirada. Durante unas horas, Bajamar deja de ser únicamente el paisaje reconocible de sus piscinas y su litoral para mostrarse como un pueblo con distintas etapas, recuerdos y formas de relacionarse con el agua. Al recuperar y compartir esa memoria, la iniciativa contribuye a que una parte de su historia continúe presente y pueda incorporarse también a la manera en que residentes y visitantes conocen hoy la costa de La Laguna.