Una ruta por las razones que hicieron de San Cristóbal de La Laguna Patrimonio Mundial

Una ruta por el casco histórico de La Laguna descubre las claves de su declaración como Patrimonio Mundial y permite acercarse a su trazado urbano, sus edificios y algunas de las historias que han definido la ciudad durante siglos.

La Laguna forma parte de esos lugares que pueden recorrerse muchas veces sin llegar a conocer del todo lo que esconden. Sus calles, plazas y edificios forman parte de la vida diaria del municipio, pero también conservan las claves que llevaron a la Unesco a incluir su casco histórico en la Lista del Patrimonio Mundial en 1999.

Descubrir esas razones fue el punto de partida de la ruta urbana Patrimonio de la Humanidad, una iniciativa de Turismo de La Laguna desarrollada junto a la Asociación Desaplatánate e integrada en la marca La Laguna Por Descubrir. La actividad formó parte del programa Turismo en Positivo y propuso acercarse a la ciudad prestando atención no solo a sus construcciones más conocidas, sino también a la forma en que fue concebida y transformada.

La Laguna es la única ciudad de Canarias inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial. Este reconocimiento no responde a un único monumento ni a un episodio aislado de su historia. Abarca un conjunto urbano en el que todavía pueden distinguirse los dos núcleos que marcaron su formación: la Villa de Arriba y la Villa de Abajo.

La Villa de Arriba surgió primero, alrededor de la iglesia de La Concepción y junto a la antigua laguna, con una estructura menos ordenada. Más tarde, el crecimiento se trasladó hacia la Villa de Abajo, organizada alrededor de la plaza del Adelantado mediante un trazado planificado, con calles amplias y espacios abiertos.

La convivencia entre ambas partes permite observar dos maneras diferentes de construir la ciudad. La Villa de Arriba conserva el carácter más irregular del primer asentamiento, mientras que la Villa de Abajo responde a una nueva concepción urbana que acabaría convirtiéndose en una de las principales razones de la inscripción de La Laguna en la Lista del Patrimonio Mundial.

La ciudad fue el primer ejemplo de ciudad colonial española no fortificada y su organización urbana sirvió posteriormente como referencia para la fundación de numerosas ciudades en América. La relación con el otro lado del Atlántico permanece en la disposición de sus calles, plazas y edificios, además de en los intercambios humanos y culturales desarrollados durante siglos.

La ruta trasladó estas cuestiones desde los documentos y los planos hasta el propio casco histórico. Recorrer sus calles permitió observar cómo decisiones tomadas hace más de cinco siglos continúan formando parte de la ciudad actual. También ayudó a descubrir que algunas irregularidades aparentemente casuales han dado lugar a relatos que todavía acompañan su historia.

La calle Obispo Rey Redondo, conocida tradicionalmente como la calle de La Carrera, conectó ambos espacios. Su recorrido parte de la plaza del Adelantado, en la Villa de Abajo, y avanza hacia La Concepción, en la Villa de Arriba, aunque se curva en su tramo final y rompe la perspectiva directa entre los dos extremos.

Una leyenda local atribuye esta desviación a Alonso Fernández de Lugo. Según el relato compartido durante la ruta, uno de sus hijos habría muerto en la Villa de Arriba y el Adelantado habría dispuesto la modificación del trazado para no contemplar desde la plaza del Adelantado la torre de La Concepción, asociada a aquel recuerdo. La historia pertenece a la tradición transmitida sobre la ciudad y ofrece una de las explicaciones populares que acompañan a esta particularidad de La Carrera.

El recorrido se detuvo también en la iglesia y antiguo convento de San Agustín. Más allá de su valor arquitectónico, el conjunto ocupa un lugar destacado en la historia educativa de Canarias. Tras haber albergado la Universidad Literaria de San Fernando, en 1846 se convirtió en sede del Instituto de Canarias, el primer centro de enseñanza secundaria del archipiélago.

Durante setenta años fue el único instituto de Canarias. Por sus aulas pasaron alumnos que posteriormente ocuparon un lugar relevante en la ciencia, la literatura, el arte y la política, como Benito Pérez Galdós, Blas Cabrera Felipe, Juan Negrín, María Rosa Alonso, Agustín Espinosa y Óscar Domínguez. El actual Instituto Canarias Cabrera Pinto conserva así una trayectoria que permite mirar el edificio no solo como parte del patrimonio monumental de La Laguna, sino como uno de los espacios desde los que se desarrolló la vida intelectual de las islas.

Junto a la arquitectura y la educación aparecieron algunas de las figuras más conocidas de la historia lagunera. Entre ellas se encuentra Amaro Rodríguez Felipe, conocido como Amaro Pargo, comerciante y corsario nacido en La Laguna a finales del siglo XVII. Su actividad marítima, su patrimonio y los relatos construidos posteriormente alrededor de su figura lo han convertido en uno de los personajes históricos más populares de la ciudad.

Su trayectoria permanece estrechamente relacionada con sor María de Jesús de León y Delgado, la religiosa conocida como la Siervita. Amaro Pargo fue devoto y benefactor de la monja, a quien acudía en busca de consejo, y contribuyó a sufragar el sarcófago en el que se conserva su cuerpo en el convento de Santa Catalina de Siena.

La conservación incorrupta de la religiosa después de su muerte, ocurrida en 1731, alimentó una devoción que continúa presente en La Laguna. El conocido como sarcófago de las tres llaves y la relación entre ambos personajes han dado lugar a relatos que combinan los hechos documentados con historias incorporadas al imaginario popular de la ciudad.

El propio nombre de La Laguna permitió retroceder hasta el paisaje anterior a sus calles. Antes de que los edificios ocuparan el valle de Aguere, una laguna formaba parte de este entorno y terminó dando nombre al asentamiento. A su alrededor comenzó a desarrollarse la Villa de Arriba, el primero de los dos núcleos históricos.

En la plaza de la Junta Suprema, una placa colocada sobre el pavimento permite trasladar aquella imagen al casco actual. La pieza reproduce la localización y el contorno de la antigua laguna según el plano realizado por Leonardo Torriani en 1588 e identifica los puntos por los que llegaba y salía el agua. Frente a ella, resulta más sencillo comprender cómo era el territorio antes de la consolidación de la ciudad y reconocer el origen de un nombre que continúa definiéndola.

Para Javier González, presidente de la Asociación Desaplatánate, el propósito de la actividad va más allá de ofrecer una visita por el casco histórico. La ruta se integra en una forma de entender el turismo que busca relacionar el conocimiento del territorio con la implicación de quienes participan.

“Turismo en Positivo forma parte de lo que se conoce como turismo regenerativo. No se trata únicamente de llegar a un lugar y disfrutarlo, sino de implicarse en el entorno y aportar algo. En esta ruta no hay una acción de voluntariado, pero sí una puesta en valor del patrimonio y una oportunidad para conectar a las personas”, explica.

La propuesta tampoco se dirige exclusivamente a quienes visitan La Laguna. Una parte importante de sus participantes reside en el propio municipio o en otros puntos de Canarias y encuentra en estas actividades una oportunidad para conocer mejor lugares que forman parte de su entorno habitual.

“Intentamos reunir a personas del municipio, residentes y visitantes. Si conocemos lo que tenemos, podemos valorarlo y, si lo valoramos, lo protegeremos. Muchas personas de aquí tampoco saben por qué La Laguna fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial. El objetivo de esta ruta es descubrir esas razones y comprender un poco mejor todo lo que esconde este entorno”, señala González.

La ruta no pretendió abarcar todos los episodios ni todos los edificios de una ciudad con más de cinco siglos de historia. Su valor estuvo en ofrecer algunas claves para interpretar aquello que continúa a la vista y que, precisamente por formar parte del entorno habitual, puede pasar inadvertido.

Recorrer La Laguna desde esta perspectiva permite volver sobre lugares conocidos con nuevas preguntas. La inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial deja entonces de ser únicamente una referencia asociada al nombre de la ciudad y empieza a reconocerse en su trazado, en sus edificios y en las historias que todavía acompañan la vida del casco histórico.