Hay voces que aparecen de repente y otras que pasan años encontrando el momento adecuado para mostrarse tal y como son. En el caso de Sara Alma, la música siempre estuvo ahí: en su casa, en su familia, en los escenarios y en una forma de entender la vida profundamente ligada a los ritmos latinos.
Ahora, tras años de trayectoria junto a diferentes proyectos musicales, la artista tinerfeña da el paso de presentar su propia música con ‘Niño, Vuelve’, una carta de presentación honesta y personal con la que inicia una nueva etapa bajo sus propias reglas. Una conversación sobre raíces, referentes, inseguridades, pasión y la valentía de empezar a compartir canciones nacidas desde dentro.
TC: Si miras hacia atrás, ¿cuáles son tus primeros recuerdos vinculados a la música?
SA: Mis primeros recuerdos están totalmente ligados al hogar y a mi familia, porque en mi casa todo, absolutamente todo, ha girado siempre en torno a la música. No era algo que simplemente escucháramos de fondo; era nuestra forma de compartir y de pasar el tiempo juntos. Recuerdo perfectamente que en cualquier celebración familiar la música era el eje central, pero también en el día a día. En nuestros momentos de distensión en casa, si estaba aburrida por la tarde, el plan con mi madre era ponernos a cantar y me enseñaba a hacer segundas voces; y mi padre siempre buscaba un hueco para sentarme a cantar con él mientras tocaba la guitarra.
Además, crecí viendo a mi madre y a mi padre subirse a los escenarios con diferentes grupos. Vivir eso desde dentro hizo que desarrollara una conexión profundísima con el arte desde que tengo uso de razón. Yo ya le decía a todo el mundo desde muy chica que de mayor quería ser cantante, mucho antes de ver grandes especiales en la televisión o ser consciente de lo que implicaba; era una inquietud interna que siempre estuvo ahí.
TC: ¿Cuándo sentiste que cantar era algo más que una afición?
SA: La realidad es que nunca lo he vivido como una simple afición, porque la música ha vertebrado mi vida y la de mi familia desde siempre. Mi madre todo lo ha hecho cantando: cocina cantando, va al supermercado cantando, y tenía una canción de buenos días con la que siempre nos despertaba. Si nos íbamos de vacaciones, hacíamos el viaje entero cantando. En casa, la guitarra de mi padre siempre estaba sonando y cualquier reunión familiar se convertía de forma natural en una excusa para compartir canciones. Además, ver a mis propios padres subidos a los escenarios actuando con diferentes grupos hacía que el arte fuera mi entorno cotidiano.
Por eso, desde muy pequeña, cuando veía a los artistas en la televisión o en los escenarios, sentía un mariposeo inevitable. Yo miraba los espectáculos y sabía con total certeza que quería estar ahí arriba; era mi gran sueño. Contemplar a los profesionales me hacía desear con todas mis fuerzas estar en su lugar, por lo que nunca fue un simple juego de niños, sino una vocación profunda que siempre estuvo ahí.
TC: A lo largo de estos años has cantado en distintos programas, actos y escenarios. ¿Qué te han aportado esas experiencias?
SA: Para mí han sido la gran escuela de mi vida. Lo que más valoro es el aprendizaje inmenso que me ha dejado trabajar al lado de grandes maestros y maestras de la música. Estarsubida a los escenarios desde tan joven y de manera habitual me ha aportado tablas, una gran experiencia y la confianza necesaria para gestionar la exposición pública que implica este oficio.
Todo este bagaje también me ha aportado un reconocimiento muy bonito dentro del gremio que agradezco de corazón. El hecho de que otros músicos ya me conozcan y me valoren como profesional es una facilidad enorme; no es lo mismo arrancar este proyecto desde la nada absoluta habiéndome dedicado a otra cosa, que hacerlo con un camino ya recorrido. Al final, me siento muy agradecida con todas estas experiencias, porque todo ello ha formado a la artista que soy ahora.
TC: ¿Cuándo sentiste que había llegado el momento de mostrar tu propia música al público y qué te impulsó a dar ese paso?
SA: Siempre quise mostrar mi propia música, pero para dar el salto se tienen que alinear varias cosas. Al haber trabajado con profesionales tan buenos, mi propia vara de medir era muy alta. Además, primero necesitas ganar tablas y confianza, y luego tener cierta estabilidad para costear un proyecto independiente.
Dentro de la música latina, que es lo que me apasiona, durante mucho tiempo vi el género de la salsa como algo poco accesible para empezar. Un bolero, por ejemplo, puedes defenderlo en un formato más reducido a voz y guitarra; pero la salsa requiere de base muchos instrumentos, metales y mucha coordinación de personal, lo que frena un poco el
proceso. Hubo una época en la que creía que eso era imposible para mí si no venía alguien a llamarme a la puerta.
Sin embargo, ahora me ha cambiado un poco la mentalidad y tengo más seguridad y más solvencia que a los 20 años. He aprendido a no agobiarme con una meta final que parece gigante y a centrarme en el siguiente pasito corto. Con esa mentalidad, estabilidad y muchas ganas de ver qué pasa, me he lanzado a cantar bajo mis propias reglas.
TC: ¿Cómo definirías la música que quieres compartir bajo el nombre de Sara Alma?
SA: No me gusta encorsetarme en una sola etiqueta. Es verdad que mi base, mi motor y lo que de verdad me mueve el corazón es la música latina y, sobre todo, la salsa y los ritmos bailables. Pero más allá de un género concreto, la definiría como una música honesta, hecha con mucho respeto por alguien que simplemente quiere hacer las cosas bien. No busco una definición matemática; mi objetivo es hacer canciones que me emocionen a mí y, a partir de ahí, que sintonice y conecte de forma natural con las personas que vibren en esa misma sintonía.
TC: La música latina tiene un peso importante en tu proyecto. ¿Qué papel han jugado esos sonidos en tu vida y en tu forma de entender la música?
SA: Han jugado un papel fundamental, porque es la banda sonora con la que me he criado. En Canarias tenemos un vínculo histórico gigante con Latinoamérica, y en mi casa eso se respiraba todos los días: mi madre me enseñó a amar el bolero y mi padre era un salsero a muerte. Me acuerdo perfectamente de estar con ocho o nueve años viendo ‘¡Azúcar! Homenaje a Celia Cruz’ en la televisión y quedarme completamente erizada, sintiendo que yo quería formar parte de ese mundo. Para mí, estos sonidos no son una moda ni algo que haya elegido por estrategia; son mi raíz, mi infancia y la forma más natural que conozco de sentir y entender la música.
TC: ¿Qué artistas o referentes han influido más en tu manera de cantar y de crear?
SA: Más que buscar inspiración de forma consciente, creo que estás sesgada por todo lo que has oído y amado desde pequeña; todo eso se vertebra en ti. En mi casa la música latina era una constante: desde los boleros de Los Panchos o la época dorada de Luis Miguel, hasta la salsa de Frankie Ruiz o Rubén Blades. De hecho, el primer concierto que vi de salsa en directo fue el de Marc Anthony en el muelle de Santa Cruz y fue una experiencia que me voló la cabeza. Y por supuesto, como gran icono femenino y la razón por la que me gusta tanto esta música, siempre estará la maestra Celia Cruz. Junto a ellos, Juan Luis Guerra ha sido un pilar brutal. Además, en estos últimos años he escuchado muchísimo al maestro Alain Pérez; me parece un compositor e intérprete de otra élite, una persona con unas altas capacidades que piensa la música en otra dimensión y que se ha convertido en un grandísimo referente para mí.
Con los años, al ir investigando las canciones que me gustaban, me di cuenta de los maravillosos autores que estaban detrás de esos proyectos. Armando Manzanero ha sido clave en mi casa, se han escuchado todos sus boleros y es un compositor que adoro; sé que cantaré su música toda la vida. Pero también descubrí a creadores como Omar Alfano, Jorge Luis Piloto, Juan Gabriel o Kike Santander, que han regalado melodías y letras preciosas a la música latina.
En la actualidad, miro mucho hacia mujeres que están haciendo las cosas a su manera, con una identidad y una garra brutales en el escenario, como Nathy Peluso, Rosalía o Mon Laferte. Me inspira ver cómo defienden su arte sin pedir permiso y bajo sus propias reglas.
TC: Después de tantos años interpretando música de otros artistas, ¿qué significa para ti empezar a contar tus propias historias a través de las canciones?
SA: Significa dar un paso al frente y tener la valentía de ver hasta dónde soy capaz de llegar por mí misma. En Canarias tenemos un panorama musical riquísimo, lleno de intérpretes maravillosas y sobresalientes, y para mí, crear música propia es la manera de desmarcarme y aportar mi propia huella. Ya no se trata solo de cantar, sino de generar mi propia propuesta, mi identidad.
He cantado muchísimo la música de otros, muchas veces adaptándome a tonos o estilos que ni siquiera eran los míos. Llegó un momento en el que sentí una inquietud vital muy fuerte; necesitaba iniciar este camino porque me lo pedía el cuerpo. Empezar a contar mis historias es una apuesta firme por mi honestidad, por cantar lo que me sale del corazón ydisfrutar de mi pasión. Tengo la ambición sana de construir algo propio y, sobre todo, de saber que lo intenté.
TC: ‘Niño, Vuelve’ es tu carta de presentación como artista en solitario. ¿Cómo nació esta canción?
SA: Nació de la forma más espontánea posible: al volante. Iba conduciendo cuando, de repente, me vino a la cabeza la melodía del estribillo; saqué la grabadora para registrarla rápido y que no se me olvidara y, aunque luego el tema pasó por todo el proceso de producción, esa esencia original se quedó intacta.
A nivel de historia, no se inspiró en algo que me estuviera pasando a mí en ese preciso momento, sino en vivencias compartidas. Todos hemos pasado alguna vez por un desamor. Hay gente que dice que las segundas oportunidades nunca fueron buenas, pero yo no escribí esta canción para dictar sentencia ni para dar una clase de ‘amor sano’. Me salió del tirón retratar esa lucha constante entre lo que te pide el corazón y lo que te dice la razón. Nace de esa idea de reconciliación vista como un acto de valentía, de honestidad y de profunda humildad, donde decides bajar las defensas, dejar a un lado el orgullo y admitir que quieres que esa persona vuelva, aunque la cabeza te diga otra cosa.

TC: La canción habla del amor, el orgullo y las segundas oportunidades. ¿Por qué decidiste empezar este camino precisamente con esta historia?
SA: Si te soy completamente franca, podría darte una respuesta muy poética, pero la realidad es otra: decidí empezar con esta canción porque, de todas las que tengo escritas, fue en la que confié desde el primer momento, sobre todo en el estribillo. Yo suelo ser muy exigente conmigo misma y a veces soy mi crítica más dura cuando me escucho o me veo.
No fue el primer tema que escribí, pero cuando canté ese estribillo por primera vez y, más tarde, cuando escuché la guía desde fuera, algo en mí vibró. Supe que tenía algo que a mí personalmente me tocaba, que funcionaba, y decidí confiar en ello. A lo mejor en el futuro saco otros temas y este queda como una anécdota, o quizás para otra gente no sea la mejor de mis canciones, pero para mí es el primer paso porque fue la que me hizo creer en mí como autora.
TC: ¿Qué podrá descubrir el público de Sara Alma a través de las canciones que están por venir?
SA: Van a descubrir a una artista que hace música desde lo que siente, con muchísimo trabajo y todo el respeto posible por el oficio. A la hora de componer, no estoy midiendo cada paso de forma fría ni calculando las cosas para buscar el ‘clic’ fácil; mi brújula es hacer la música que a mí me mueve el corazón y que me apasiona.
Como soy una enamorada de estos géneros y de la música latina, en mis próximos lanzamientos se pueden esperar ritmos bailables, sobre todo salsa y música tropical. Al final, soy muy consciente de que lo que hago le encantará a mucha gente y a otra quizás notanto, pero eso es como todo en la vida y nos pasa a todos los artistas. Mi meta es simplemente trabajar duro, ser fiel a mi estilo y conectar con el público desde la honestidad y la valentía de hacer lo que de verdad amo.
TC: Además de la música, desarrollas tu labor profesional como docente. ¿Cómo conviven Sara la profesora y Sara Alma la artista?
SA: Conviven con mucho equilibrio, pero también con muchísimo esfuerzo. Ser maestra de música es una profesión preciosa que me llena un montón por la vocación de estar con los niños, pero también tengo la gran suerte de trabajar muchísimo sobre los escenarios.
Compaginar ambos mundos implica un cansancio físico real y hay días en los que faltan horas, pero la pasión por crear mi propia música es tan grande que puede con todo el agotamiento. Aunque adoro las aulas, mi verdadera felicidad y plenitud absoluta están sobre el escenario. A partir de ahí, me gusta vivir el presente y fluir con lo que vaya ocurriendo; el tiempo dirá a dónde me lleva este camino y si en algún momento podré centrarme solo en cantar, pero ahora mismo disfruto de todo lo que me da la música.
TC: Si pudieras hablar con aquella Sara que empezó a cantar, ¿qué crees que pensaría al verte lanzar hoy tu propia música?
SA: Creo que se sentiría superemocionada y feliz al ver que lo logró. Cuando eres niña confías muchísimo en ti misma; yo me proyectaba siempre sobre los escenarios, arregladísima. Me acuerdo de jugar en el salón de mi casa a vestirme con los fulares de mi madre enrollados al cuerpo como si fueran grandes looks de gala, me pintaba, me ponía sus tacones y, con cualquier utensilio que me sirviera de micrófono, salía a cantar. Yo tenía clarísimo que esa iba a ser mi vida.
Luego, con el paso del tiempo, la mochila se te va llenando de inseguridades, de opiniones externas y de cosas que te hacen dudar de si de verdad lo lograrás. Pero el camino te va demostrando que, con tesón, mucho amor y cariño, las cosas se consiguen. Creo que esa Sara niña me miraría hoy, me guiñaría un ojo y me diría: ‘¡Te lo dije!’. Estaría contentísima porque, al final, el mayor logro es este: lanzar mi propia música, ser feliz sobre el escenario y vivirlo con pasión. Ver que ya lo estoy consiguiendo es maravilloso, y con eso es con lo que me quedo.
Con ‘Niño, Vuelve’, Sara Alma abre una nueva etapa construida desde la honestidad, las raíces y una forma de entender la música profundamente ligada a lo que siente. Después de años sobre los escenarios, la artista tinerfeña empieza a mostrar ahora una propuesta propia marcada por los ritmos latinos, las historias cercanas y la valentía de cantar bajo sus propias reglas.





